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martes, 1 de marzo de 2011

Un día me cansare de oírle de repetir siempre lo mismo, y para contentarla me casare con un hombre a quien yo misma me impondré amar. Ambos terminaremos encontrando de una manera de soñar juntos con nuestro futuro la casa de campo, los hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, a partir del tercero quizás pensaremos en el sexo una vez cada quince días, y transformaremos ese pensamiento en acción apenas una vez al mes. Y peor que eso, apenas hablaremos. Yo me esforzare por aceptar la situación, y me preguntare en que he fallado, ya que no consiguiere interesarlo, no prestara la menos atención y vivirá hablando de sus amigos como si fuesen realmente su mundo.
 Cuando el matrimonio esté apenas sostenido por un hilo, me quedare embarazada. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo mas próximo uno del otro, y pronto la situación volverá a ser como antes. 
Entonces empezare a engordar, y empezare a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pensar de todo el control. A estas alturas, tomare algunas drogas mágicas para no caer en la depresión, y tendré algunos hijos en noche de amor que pasaran demasiado de prisa. Aire a todos que mis hijos son la razón de mi vida pero, en realidad, ellos exigirán mi vida como razón. 
La gente nos considerara siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soldad, de amargura, de renuncia, detrás de esa apariencia felicidad. 
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escándalo, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitaran mi ayuda, y deberé educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidare: El, como todos los hombres regresara, amenazaré con irme con los niños. El como todos los hombres retrocederá, dirá que me ama, y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se la pasara por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible seria la casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que el era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirán mucho por la separación. 
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré ( porque lo veré, o porque alguien me lo contara) pero esta vez fingiré ignorarlo. Habré gastado toda mi energía luchando contra la amante anterior,no habrá sobrado nada; es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenia razón

3 comentarios:

  1. Hola Zoe, muchas gracias por pasar por mi blog y seguirlo, lo mismo hago ! me gustó mucho tu blog, bienvenida a este mundo blogger jajaja.

    Muchos besos, Dahiana =)

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  2. Es aceptar todo como se viene :( por eso hay que saber muy bien con quien se mete uno :P para pasarla sufriendo no :S te sigo tmb linda, besos :)

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